IA en estudios jurídicos: el protocolo que falta en tu clínica
Los estudios de abogados chilenos ya regulan el uso de IA con reglas internas propias. Qué enseña ese modelo de gobernanza a una clínica veterinaria que recién empieza a usar estas herramientas.
RESUMEN
La industria legal chilena adoptó la inteligencia artificial de forma masiva durante 2025. Estudios como Carey, Puga Ortiz, FerradaNehme y Alessandri usan hoy herramientas como Magnar —startup chilena— y Harvey, la plataforma estadounidense respaldada por OpenAI, para buscar jurisprudencia, revisar contratos y redactar borradores. Pero junto con la adopción llegó algo menos visible y más importante: reglas internas de uso. Dos principios se repiten en todos los estudios consultados por La Tercera · Pulso: la decisión final siempre la toma un humano y ningún dato confidencial de un cliente puede subirse a un sistema de IA.
Estas reglas no nacieron de la nada. El Poder Judicial tuvo que instalar barreras tecnológicas después de que abogados citaran ante tribunales fallos que la IA había inventado. Y a nivel internacional, el estudio Sullivan & Cromwell debió disculparse públicamente por un escrito judicial con citas legales y jurisprudencia inexistentes, generadas por un sistema de IA.
¿QUÉ ESTÁ PASANDO?
Entre 2024 y 2025 la IA pasó de ser una novedad a una herramienta cotidiana en los estudios jurídicos: localizar información, revisar jurisprudencia, traducir documentos complejos y ordenar causas voluminosas. El ahorro de tiempo es real y ya impacta en cómo se contrata personal junior. Pero los propios estudios reconocen que la tecnología todavía comete errores —las llamadas "alucinaciones"— y que ese riesgo obliga a poner reglas claras antes de que un error dañe la reputación del estudio o, peor, a un cliente. Por eso firmas como Carey crearon comités formales de inteligencia artificial, con lineamientos de gobernanza, y otras como Puga Ortiz definieron con precisión qué tareas puede hacer la IA y cuáles quedan reservadas exclusivamente al profesional.
¿POR QUÉ ES IMPORTANTE PARA UNA CLÍNICA VETERINARIA?
Una clínica veterinaria de una a diez personas no tiene comité de inteligencia artificial ni política escrita de uso, pero probablemente ya tiene IA circulando en su día a día: un asistente que redacta un correo a un tutor, alguien que pide ayuda a un chatbot para resumir un caso clínico complicado, o un administrador que usa IA para armar un presupuesto o una respuesta comercial. El riesgo no es teórico. Si un integrante del equipo copia y pega datos de un tutor o antecedentes clínicos de una mascota en una herramienta de IA gratuita, esa información puede quedar almacenada fuera del control de la clínica. Y si un resumen o una recomendación generada por IA se usa sin revisión de un médico veterinario, el error puede terminar afectando un diagnóstico o un tratamiento.
¿QUÉ PUEDE APRENDER UNA CLÍNICA?
- Definir por escrito, aunque sea en una página, qué herramientas de IA están permitidas en la clínica y para qué tareas.
- Establecer que ninguna decisión clínica final —diagnóstico, tratamiento, indicación— se delega a la IA: siempre la valida un veterinario.
- Prohibir explícitamente subir datos identificables de tutores o pacientes a herramientas de IA gratuitas o no verificadas.
- Capacitar al equipo en los límites reales de estas herramientas, no solo en sus beneficios.
- Designar a una persona responsable de revisar y actualizar esas reglas, igual que un comité de IA en un estudio jurídico, aunque sea a menor escala.
RELACIÓN CON WIREVET
Esta tendencia se relaciona directamente con la necesidad de contar con un control claro sobre quién accede a qué información dentro de la clínica. El módulo de Administración de WIREVET permite definir usuarios y permisos por perfil, de forma que cada integrante del equipo vea solo la información que necesita para su trabajo. Esa misma lógica de permisos es la base sobre la que se puede construir cualquier protocolo interno de uso de IA: antes de decidir qué herramienta externa se usa y con qué datos, conviene tener ordenado quién puede exportar o compartir información desde el sistema.
APLICACIÓN PRÁCTICA
Esta semana, el administrador o veterinario a cargo puede sentarse con el equipo y redactar dos o tres reglas simples: qué herramientas de IA están autorizadas, qué información nunca debe salir de la clínica y quién revisa lo que la IA produce antes de que llegue a un tutor o a una ficha. En paralelo, vale la pena revisar en WIREVET los perfiles y permisos de cada usuario, para asegurarse de que solo quienes deben acceder a datos clínicos y de tutores puedan hacerlo. No se trata de prohibir la IA, sino de usarla con las mismas precauciones que ya está tomando la industria legal.
FUENTE ORIGINAL
Esta nota se basa en el reportaje de La Tercera · Pulso "La IA ya entró a los estudios de abogados".
CONCLUSIÓN
Lo que está ocurriendo en los estudios jurídicos chilenos es un adelanto de una conversación que toda empresa de servicios profesionales va a tener que dar, incluidas las clínicas veterinarias: no basta con adoptar IA, hay que decidir con qué reglas se usa. Los estudios que hoy tienen comités y protocolos no partieron con eso, lo construyeron después de ver los riesgos de cerca. Una clínica puede adelantarse con reglas simples, antes de que un error de IA con datos de un tutor o de un paciente se convierta en un problema real.
En WIREVET es importante que conozcas estas noticias para ayudarte a entender tu negocio, anticiparte a los cambios tecnológicos y tomar mejores decisiones para la gestión de tu clínica veterinaria.
Preguntas frecuentes
¿Una clínica veterinaria pequeña necesita realmente un protocolo de uso de IA?
Sí, incluso con uno o dos veterinarios. Basta con definir por escrito qué herramientas se usan, qué datos nunca se comparten con ellas y quién revisa lo que producen antes de usarlo con un cliente o paciente.
¿Qué datos de una clínica veterinaria son más riesgosos de subir a una IA?
Los datos que identifican a un tutor o a su mascota: nombre, contacto, historial clínico o antecedentes de salud. Esa información no debería ingresarse en herramientas de IA gratuitas o sin garantías de privacidad.
¿La IA puede reemplazar el criterio de un veterinario?
No. Puede ayudar a redactar, resumir o buscar información más rápido, pero la decisión clínica final —diagnóstico, tratamiento, indicación— siempre debe quedar en manos del profesional.
¿Qué relación tiene esto con la gestión de permisos en un sistema veterinario?
Antes de definir qué IA se usa y con qué datos, conviene tener claro quién dentro del equipo puede acceder o exportar información desde el sistema de gestión. Ese control de permisos es la base de cualquier protocolo de uso responsable de IA.
En Wirevet Lite: lo que se cuenta acá se trabaja desde el módulo Administración, incluido en el plan Lite sin costo extra.
Prueba Wirevet Lite en tu clínica
Los 13 módulos, sin costo de instalación y sin permanencia.
Otras noticias
Inventario del petshop: quiebres de stock sin sobrecomprar
Una guía práctica para calcular cuánto y cuándo comprar en el petshop de la clínica, sin quedarse sin producto ni inmovilizar capital en bodega.
Leer la nota
Los indicadores que debe revisar cada mes un veterinario
Sin socios ni gerente de finanzas, el veterinario independiente es quien decide sobre sus propios números. Una guía de qué mirar cada mes para no operar a ciegas.
Leer la nota
Historia clínica electrónica: qué se gana además del orden
Más allá de dejar atrás el papel, una ficha electrónica cambia cómo se atiende, se factura y se responde ante un reclamo. Un repaso a lo que realmente está en juego.
Leer la nota